Si has buscado alguna vez qué nota tiene el aceite de oliva en el Nutri-Score, casi seguro que has leído que es una C. Ese dato lleva dos años sin ser cierto.
El Nutri-Score resume la calidad nutricional de un alimento en una letra de la A a la E. Se calcula por cada 100 g de producto: restan puntos la energía, los azúcares, las grasas saturadas y la sal, y suman la fibra, las proteínas y las frutas, hortalizas y legumbres. Es voluntario, y desde el 1 de enero de 2026 todos los productos del mercado español que lo lleven usan el algoritmo revisado en 2023.
Qué mide exactamente el Nutri-Score
Es un logo con cinco letras y cinco colores, de la A en verde oscuro a la E en naranja oscuro, que se coloca en la parte frontal del envase. No sustituye a la tabla nutricional obligatoria de la parte de atrás: la resume.
Debajo hay un algoritmo llamado FSA-NPS, desarrollado originalmente por la agencia británica de seguridad alimentaria. Su primer uso no fue el etiquetado, sino decidir qué alimentos podían anunciarse en televisión en horario infantil. Esa herencia explica bastante de su carácter: nació para ordenar productos en una escala, no para dar consejo dietético.
Hay dos rasgos del sistema que conviene tener claros desde el principio, porque son la causa de casi todos los malentendidos:
- Calcula por 100 gramos o 100 mililitros, nunca por ración. Un producto que se toma a cucharaditas y otro que se toma a platos se puntúan con la misma vara.
- Mide una sola dimensión. En palabras de la AESAN, Nutri-Score «cubre la dimensión de calidad nutricional de un alimento y no otras dimensiones como es el grado de procesamiento». No es un descuido: es el diseño.

Qué suma y qué resta puntos
El cálculo enfrenta dos bloques. Los componentes desfavorables suman puntos —y cuantos más puntos, peor letra— y los favorables los restan.
| Componente | Efecto | Puntos máximos |
|---|---|---|
| Sal | Penaliza | 20 |
| Azúcares | Penaliza | 15 |
| Energía | Penaliza | 10 |
| Grasas saturadas | Penaliza | 10 |
| Proteínas | Beneficia | 7 |
| Fibra | Beneficia | 5 |
| Frutas, hortalizas y legumbres | Beneficia | 5 |
Merece la pena detenerse en la primera fila. La sal es la palanca más potente de todo el algoritmo, por encima incluso del azúcar. Un producto salado difícilmente alcanza las letras altas por muchos otros méritos que acumule.
La puntuación final se traduce en letra, pero los cortes exactos no son los mismos para todos los productos: hay escalas distintas para los alimentos en general, para las bebidas y para el grupo de grasas, aceites, frutos secos y semillas. Las tablas oficiales completas están publicadas por Santé publique France, que coordina el sistema.
Dos reglas particulares que explican resultados que a primera vista chirrían:
- La carne roja tiene tope. Sus proteínas solo pueden restar 2 puntos en lugar de 7, para no premiar por la vía proteica un alimento cuyo consumo las guías recomiendan limitar.
- El agua es la única bebida que puede ser A. Cualquier otra bebida se mueve obligatoriamente entre la B y la E.
Qué cambió el 1 de enero de 2026
Aquí está la novedad que casi nadie ha actualizado. El algoritmo se revisó en 2023, es aplicable desde el 1 de enero de 2024 y tuvo un periodo transitorio de dos años. Ese plazo terminó: desde el 1 de enero de 2026, todos los productos del mercado español que lleven Nutri-Score tienen que estar calculados con el algoritmo nuevo.
No fue un retoque menor. La revisión afecta a entre el 30 % y el 40 % de los productos, y en muchos casos cambia la letra:
| Producto | Antes | Ahora | Motivo |
|---|---|---|---|
| Aceite de oliva, colza y nuez | C | B | Las grasas se puntúan por sus saturadas, no por su energía total |
| Pan integral con fibra | B/C | A | Los integrales se separan de los refinados |
| Pescado azul y marisco sin sal añadida | C | A/B | Las proteínas pasan a restar hasta 7 puntos |
| Frutos secos sin sal ni azúcar | C/D | A/B | Pasan al grupo de grasas y frutos secos |
| Cereales de desayuno azucarados | A | C | El azúcar penaliza hasta 15 puntos |
| Leche entera | B | C | Pasa a evaluarse como bebida |
| Refresco «zero» con edulcorante | B | C | Los edulcorantes penalizan 4 puntos |
| Refresco azucarado | D | E | Umbrales de azúcar más estrictos en bebidas |
El hilo conductor del cambio es coherente: endurecer el trato a lo que preocupa —azúcar, sal, edulcorantes— y dejar de castigar a alimentos cuya calidad nutricional está bien establecida pero que el algoritmo antiguo trataba mal por un problema de categorías.

El caso del aceite de oliva
Es la crítica que más ha pesado en España, y tenía fundamento. El aceite de oliva llegó a recibir una D en las primeras versiones del sistema, y después una C. Un alimento central de la dieta mediterránea aparecía con peor nota que productos que nadie consideraría más saludables.
El problema no era ideológico, era de mecánica: el algoritmo original puntuaba las grasas por su aporte energético total. Y por energía, todos los aceites son casi idénticos —unas 900 kcal por cada 100 gramos—, así que el sistema no podía distinguir entre un aceite de oliva y uno de coco.
La revisión de 2023 creó un grupo propio para grasas, aceites, frutos secos y semillas, y cambió la variable: en esa categoría se puntúa la energía procedente de las grasas saturadas, no la energía total. Eso sí separa unos aceites de otros, y el aceite de oliva, el de colza y el de nuez pasaron a B.
Lo llamativo del caso es lo que revela sobre la información disponible. Al escribir este artículo buscamos en Google «nutri score aceite de oliva» y revisamos la primera página de resultados: ninguno daba el dato actual. Los que se mojan dicen C o D, y son páginas de 2021, 2022 y 2023 que describen un algoritmo que ya no se aplica. La polémica española más famosa sobre el Nutri-Score se resolvió hace dos años y la conversación pública no se ha enterado.
Por qué un refresco «zero» ya no es una B
El otro reproche clásico era el simétrico: refrescos edulcorados con letras verdes. El algoritmo antiguo, al no ver azúcar ni calorías, los premiaba.
La revisión introduce una penalización explícita de 4 puntos para las bebidas que contienen edulcorantes no nutritivos, sean sucralosa, sacarina o estevia. Un refresco «zero» típico baja así de la B a la C. La lógica declarada es no incentivar la sustitución sistemática del azúcar por edulcorantes, en línea con las recomendaciones dietéticas.
En el mismo movimiento, la leche y las bebidas vegetales dejaron el grupo de alimentos sólidos y pasaron al de bebidas, donde se comparan entre sí. Por eso la leche entera baja de B a C: no es que haya cambiado la leche, es que ha cambiado con quién se la compara.

Lo que el Nutri-Score no ve
Ninguna de estas limitaciones es un fallo oculto. Están documentadas y algunas las reconocen los propios autores del sistema. Pero explican por qué la letra no puede ser tu único criterio:
- No mide el procesamiento. Un producto ultraprocesado puede tener una B. La dimensión del procesamiento la cubre otra clasificación distinta, NOVA, que ordena los alimentos según cuánto se han transformado. Los propios investigadores del Nutri-Score defienden que son dimensiones complementarias, no alternativas.
- No mira los aditivos. Colorantes, conservantes y potenciadores no entran en el cálculo.
- No distingue el azúcar añadido del propio del alimento, porque la legislación europea no obliga a declarar los azúcares añadidos por separado. Una limitación heredada de los datos disponibles, no una decisión del algoritmo.
- Calcula por 100 g, no por ración. Es lo que hace comparables dos productos, pero distorsiona los alimentos que se consumen en cantidades muy pequeñas. Una salsa o una especia se puntúan como si fueras a comerte 100 gramos.
- No está en los alimentos frescos a granel. La fruta, la verdura, el pescado o la carne sin envasar no llevan etiqueta frontal. La ausencia de letra no significa nada sobre su calidad.
Y hay una limitación menos citada que conviene tener presente en el supermercado: como es voluntario, la empresa decide si lo pone. Es razonable esperar que se muestre más a menudo cuando la letra favorece al producto. Que un envase no lleve Nutri-Score no permite concluir nada, pero tampoco es siempre una casualidad.
¿Es obligatorio? En España no, y en Europa tampoco
El Nutri-Score es un etiquetado frontal de uso voluntario. Su encaje legal está en el Reglamento (UE) 1169/2011, que contempla la posibilidad de facilitar información nutricional mediante formas adicionales de expresión, siempre que no sustituyan al etiquetado obligatorio del reverso.
Lo han adoptado oficialmente Bélgica, Francia, Alemania, Luxemburgo, los Países Bajos, España y Suiza, que coordinan el sistema mediante un comité transnacional, y también Portugal. En ninguno de ellos es obligatorio.
Francia es el país donde más cerca ha estado de serlo: en noviembre de 2025 la Asamblea Nacional aprobó una enmienda al proyecto de financiación de la Seguridad Social para imponerlo, con exenciones para productos con denominación de origen o ecológicos. A fecha de hoy sigue siendo voluntario allí, y más de setenta organizaciones sanitarias francesas, entre ellas la Academia Nacional de Medicina, mantienen abierta una campaña para exigir la obligatoriedad.
En el plano europeo, el etiquetado frontal armonizado que se anunció dentro de la estrategia «De la granja a la mesa» no ha llegado a materializarse.
Cómo usarlo sin que te engañe
Compáralo solo dentro del mismo estante
El Nutri-Score sirve para elegir entre dos pizzas congeladas, dos yogures o dos panes de molde. Comparar la letra de un aceite con la de un refresco no informa de nada útil: son categorías con escalas distintas y usos distintos.
Que no lleve letra no es una señal
Es voluntario y no se aplica a los frescos sin envasar. Una manzana no tiene Nutri-Score y no por eso es peor que una galleta con una B.
Para la sal y el azúcar, mira la etiqueta de atrás
La letra comprime cuatro penalizaciones y tres bonificaciones en un solo símbolo. Si te importa un nutriente concreto, la cifra exacta está en la tabla nutricional del reverso.
No lo uses para decidir cuánto comer
La escala se calcula por 100 gramos y no dice nada sobre la ración adecuada. Una A no autoriza a comer el doble, y una D no convierte un alimento en prohibido.
Si te interesa el procesamiento, busca otra referencia
Nutri-Score no lo mide. Para esa dimensión existe la clasificación NOVA, y las dos juntas dicen más que cualquiera por separado.
En resumen
El Nutri-Score es una herramienta razonable con un problema de expectativas. Hace bien una cosa —ordenar por calidad nutricional productos envasados comparables— y no hace ninguna de las otras que se le atribuyen. La revisión que ya es obligatoria en 2026 ha corregido sus incoherencias más señaladas: el aceite de oliva subió a B, los cereales azucarados bajaron y los refrescos edulcorados dejaron de aparecer en verde.
Queda el problema de fondo, que no es del algoritmo: la mayor parte de lo que se puede leer sobre el Nutri-Score en español describe la versión anterior. Si vas a fiarte de una letra, al menos conviene saber de qué año es la letra.
El Nutri-Score, junto al precio
Yantar compara los precios de los supermercados españoles y te muestra el Nutri-Score de cada producto en su ficha, para que la decisión no dependa solo de lo que cuesta. Está en desarrollo.
Avisadme cuando salgaPreguntas frecuentes
Fuentes
5 referencias consultadas para este artículo, en el orden en que aparecen.
- Información sobre el modelo Nutri-Score
- Actualización científica de Nutri-Score: mejoras para corregir algunas de sus limitaciones y garantizar una mayor coherencia con las recomendaciones nutricionales
- Reglamento (UE) n.º 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor
- Nutri-Score
- Nutri-Score y ultra-procesamiento: dos dimensiones diferentes, complementarias y no contradictorias



